jueves 10 de noviembre de 2011

SISTEMATIZACIÒN DE UNA EXPERIENCIA

REFLEXIÒN


La debilidad de la fuerza es no creer màs que en la fuerza

Paul Valéry

Los hombres màs fastidiosos del mundo son los que tienen màs energìa que capacidades

Georg Ch. Lichtenberg




INSTANTES


TODO LO QUE SUBE, BAJA



Caigo de noche en noche
sin nada que detenga mi caída.

Ajena del aire
caigo al asilo de las sombras

La tierra reclama su distancia.

Difícil no entender
que todo lo que sube, baja.


MURO DE LAMENTACIONES


Nada me fue negado

y sin embargo

soy sólo un pez

en el trasmallo de XX siglos y uno

que transcurre tras la sombra

de su triste figura



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DEL PROYECTO LITERANDO
Concertado con el Ministerio de Cultura y apoyado por Gases de la Guajira y la Direcciòn Departamental de Cultura y Juventud del Departamento en el 2011


¿Qué es la sistematización?

La sistematización es la interpretación crítica de una experiencia, reconstruida y ordenada para explicar la lògica del proceso vivido, los factores que han intervenido en dicho proceso, cómo se han relacionado entre sí, y por qué se han hecho de ese modo. En la finalidad de proyectar el trabajo posterior.


¿Cuál es la finalidad de la sistematización?

a. La comprensión y la reflexión del trabajo realizado

b. El adquirir conocimiento (o teoría) a partir de la práctica.

c. Favorecer el intercambio de experiencias entre los grupos beneficiados y una comunidad potencial.


Observaciones y análisis crìtico del proceso.

En los talleres productivos, y posterior a ello, evidenciamos el comportamiento de los beneficiarios, atentos a la asimilación de conocimientos, interesados en el saber, que no acuden prontamente a hacer uso de estos como herramientas de trabajo. No obstante cada cosa tiene su tiempo y todo tiempo su hora. Y el tiempo y la hora es el momento de “necesidad”.

La necesidad nos obliga a hacer uso del conocimiento. Por ello somos recursivos en momentos de necesidad y esa recursividad impele la emergencia de la creatividad.

Necesidad ------- Recursividad ---------- Creatividad

Esta cadena da como resultado

  1. Reconocimiento y valoración del talento
  2. Esfuerzo para sobresalir
  3. Trabajo
  4. Producción
Que no siempre es inmediata. No obstante los talleres productivos realizados sì dieron lugar a resultados concretos, en tantos bienes elaborados, los cuales se expusieron a la comunidad en general los dìas 22 y 23 de Julio en el espacio denominado "Creativos".

LITERANDO
el 9 de Noviembre de 2011, en la Plaza Almirante Padilla de la ciudad de Riohacha, se llevò a cabo la sistematizaciòn de la experiencia, sesiòn acostumbrada por Atrapasueños y la gestora del proyecto BETSY BARROS NUÑEZ, para dar el cierre a la vigencia y retroalimentar el trabajo realizado, asì consolidar en tèrminos de proyecciòn la vigencia 2012.

Un fuerte aguacero bautizó la apertura y asìmismo despidiò esta actividad, en la cual participaron beneficiarios no solo de proyecto Literando, sino tambièn de Rondas Literarias; algunos potenciales beneficiarios y personas del comùn interesados en conocer y evaluar la gestiòn de la Fundaciòn Atrapasueños.

Los comentarios y las evidencias (fìsicas, fotogràficas, visuales y estadìsticas) permitieron no sòlo mostrar lo realizado y el camino recorrido en el 2011, sino hacer eco para el 2012 de las sugerencias y comentarios propòsitivos de los asistentes a la Sistematizaciòn.















426 beneficiarios primarios, 382 asistentes a actividades programáticas de Literando en el 2011, 320 beneficiarios secundarios, para un total de 746 beneficiarios totales. Es el resultado del proyecto en 13 actividades que incluyeron talleres para niños, jovenes y adultos, actividades lùdico-recreativas, conferencias, tertulias, muestras productivas, recital. Sin contar los espacios de socializaciòn y sistematizaciòn. El 9 de Noviembre los asistentes al evento recibieron las memorias del proyecto. Memoria Visual Literando 2011.

Quedamos a la espera de seguir dando MÁS y MEJORES resultados con el esfuerzo que demanda y traduce el TRABAJO, en LITERANDO, proyecto sociocultural de ATRAPASUEÑOS.

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NARRATIVA

El cuento que publicamos obtuvo el tercer lugar en el concurso de cuentos convocado por el grupo de literatura El Túnel de Monteria en el 2011 y allegado por su autor para ser dado a conocer a los lectores de POESÍA VIVA.

AQUEL FUEGO

El objeto precioso que acababa de hallar era extraño. Una valija bien conservada contenía un libro antiguo. Estaba encuadernado en piel de carnero. Sin duda era un patrimonio personal. Examiné algunas páginas al azar que me asombraban crecientemente, las letras me eran raras. Sus increíbles signos enredados me sorprendieron. En el lomo estaba inscripto, en un castellano casi pulcro, “el libro de arena”. Ahora me sorprende más haberlo encontrado, ahora que al viajar, descubro la eterna llama de mi ciudad y me parece estársela mostrando a alguien que soy yo mismo:

Desde el avión observarás a Dunaria. La ciudad estará incrustada en el Caribe y abarrotada de cocoteros. Prestarás atención a la romería de calles que van a dar al litoral. Luego desviarás los sentidos hacia aquel fuego azul, a la izquierda. Yo aún no logro olvidar esa llama inextinguible. Estoy convencido, sin embargo, de que nunca se apagará. Pero casi atino a pensar que allí eché para siempre mi propio destino.

Ahora que soy asistente bibliotecario comprendo más que nunca lo que he vivido. Cuando niño, después de la muerte de mamá, fuimos a dar al orfelinato de las hermanas franciscanas. Allí me educaron. Mis hermanos fueron adoptados por extranjeros. Las Franciscanas me consiguieron este trabajo en la biblioteca pública; así es como recuerdo este misterioso libro de cuentos que me arroja a mi remota infancia.

Desde niño sé qué es el filo del hambre. Vivíamos en una invasión aledaña al aeropuerto. Recuerdo las jornadas, agachados, buscando material reciclable. Todos los días, cubierto de polvo y mugre, entre latas, comida en descomposición y gallinazos. Buscaba aluminio o cobre: metales bien pagados. Recogía cartón. Separaba plástico y vidrio y empaques útiles todavía. No sé por qué los compañeros del basurero me tildaban de loco. Yo inventaba ficciones para atenuar nuestra pobreza; quizás sería por eso. Pero sólo yo sé la tribulación y la amargura que vivíamos entonces. Los días eran iguales. Después de ayudar a mamá, volvía a casa, con hambre de perro, comíamos y nos metíamos en la cama. Al quinto de primaria pude llegar a pesar de todo.

La hoguera del basurero siempre había sido el lugar privilegiado para nuestros anhelos y ansias de salir de la indigencia. Allí solíamos pasar ratos lanzándole toda suerte de objetos con la sola intención de avivar la llama que, por suerte, no nos tocaba encender a nosotros, ni supimos nunca quién lo hacía. El humo era bueno, espantaba las moscas y de paso turbaba a los gallinazos.

Hombres, mujeres y niños nos precipitábamos en busca de los mejores desperdicios cuando llegaba el camión del aseo municipal. Ese era nuestro sustento. Tratábamos de treparnos a los camiones. Alguno que otro caía o era atropellado por la multitud. Pero a pesar de los peligros, apenas sí se conseguía para la supervivencia diaria. El vidrio, el cartón o el plástico, juntados durante el día, se vendían casi al entrar la noche. Me sentía orgulloso de ayudar a mamá, pero me moría de ganas de tener en mis manos un cuaderno y un lápiz: ir a la secundaria era un anhelo sembrado por la envidia que me provocaban los niños acomodados, que por entonces asistían al Liceo de la nostálgica Dunaria.

Mamá había trabajado siempre en el basurero. Allí conoció a mi padre, un comprador casual de materiales reciclables. Al darse cuenta del embarazo de mamá, nunca más volvió. Eso me contó ella. No lo conozco. Tampoco conozco los padres de mis hermanos. Los rostros y el color de piel de cada uno de nosotros son diferentes. Nunca le pregunté. Trato de no recordarlo.

Afirmar que es cierto todo lo que me pasó, es aseverar que es creíble, sin embargo, la veracidad de esto no la pondré a consideración de nadie. Hace unos años, cayendo la tarde, descubrí algo sorprendente. El objeto precioso que descubrí entonces, repito, no era un juguete. No era un metal mi hallazgo. Una valija bien conservada contenía el libro de mi deslumbramiento. No imaginaba quién pudiera ser el dueño. Estaba encuadernado en piel de carnero. Sin duda era un patrimonio personal. Examiné algunas páginas al azar.

Las letras me eran raras. Sus increíbles signos enredados me sorprendieron. En el lomo estaba inscripto, en un castellano casi pulcro, “el libro de arena”. Lo abrí lentamente y una especie de sistema de garabatos y cifras insondables circulaba, una especie de espíritus habiendo sus fauces veía entre las páginas enmohecidas. Cerré la obra, saturado de un pánico fanático. Cada línea me parecía repleta de tangibles misterios. Tenía pequeñas ilustraciones que hablaban una lengua extraviada y más aún su escritura exacerbaba mis miedos.

Devolví el tratado a la valija y me predispuse a seguir recolectando trozos de cartón, pedazos de hierro y caucho; no podía distraerme. Además, en el basurero no había tiempo para los libros.

Presumo que nadie me juzgará como una persona desequilibrada, pero si alguien hubiera estado conmigo, yo no le parecería un insensato. Mucho menos lo que voy a aseverar. Un hombre agudo (y ahora estoy convencido de sus rasgos de europeo), a pocos días llegó al basurero... Acaso mi emoción lo hacía ver más colosal de lo que era en verdad. Todo su aspecto era de un ser consagrado.

Tenía manos como de bibliotecario. Un vestido de paño inglés lo obligaba a detestar el calor de Dunaria. Ahora presumo que era argentino, a juzgar por el acento y la manera de hacerse sentir como centro del universo. Llevaba un lacayo acompañándolo. Al principio creí que era un señor adinerado, luego advertí que era un burócrata, más bien funcionario público.

A lo mejor me había engañado a mí mismo. Se me acercó. Le ofrecí los restos de una silla de madera, como buen anfitrión. A pesar de todo se sentó como en un trono pontifical. Duró un rato interminable hurgando con los sentidos. Tardó bastante en hablar, cuando lo hizo, recuerdo muy bien que emanaba sabiduría en cada palabra expresada.

La buena suerte te sonríe, Gregorio me dije a mí mismo. Pero no… El visitante pidió que me le acercara. Así lo hice.

Pibe, ando buscando una valija que contiene un libro me dijo con voz de ángel caído casi dentro del oído.

Quedé en silencio. Tan sólo observaba sus ojos blanqueados perdidos en aquel muladar. Descubrí que era ciego y me entristeció súbitamente. Casi a la altura de sus cejas tenía unas ojeras insondables como las de un oso de circo.

Es algo muy personal me increpó nuevamente. Al cabo de un instante le mostré hacia la hoguera.

Allá lo lancé, le dije con mi voz de adolecente.

El criado le insinuó algo al oído. Él murmuró otro tanto ininteligible. Abandonó la vieja silla y al instante comenzó a gritar en idiomas desconocidos para mí. Ante mi presencia daba alaridos, se deshacía en maldiciones y trataba de alejarse a toda prisa, dando pasos torpes y tropezando con todo.

Ignorante, ignorante – Fue lo último que le oí decir en un castellano admirable, mientras la tarde lo llevaba por trochas infinitas. Esto aconteció hace tantos años y aún no se disipan los pasos en mi memoria. Les aseguro que no sé qué contenía aquel sagrado libro, sólo sé que era tan importante para la vida de ese anciano invidente y delicado. Ahora estoy convencido que en el basurero de mi ciudad, desde que arrojé aquel libro, la hoguera en la que, indistintamente, lanzábamos cosas, adquirió una llama fantástica, azul, inextinguible que tarde o temprano sofocará el mundo.


Limedis Castillo Mendoza

Narrador de Riohacha-La Guajira

PANORAMA NACIONAL

ACTA
Concurso Nacional
LA POESÍA COMO UNA CASA

Reunido en la fecha, el Jurado del Premio, “La Poesía como una Casa”, convocado por la Casa de Poesía Silva de Bogotá, decidió otorgar los siguientes premios y menciones:

Premios

Por unanimidad

Hipótesis tardías, seudónimo Martín Vicuña, identificado con el número 0540

Morada de niebla, seudónimo Luto, identificado con el número 0008

Por mayoría

Refugio , seudónimo Leonard T. Blue, con el número 0595

Donde está la vida, seudónimo el Inquilino , con el número 0028

El falso llanto del granizo , seudónimo Ray Stromo, número 0208

Menciones

Al final de la jornada , seudónimo Alejandro Montejo, con el número 0296

Cuando el poema , seudónimo Lao, con el número 0116

A Lino Hernández , seudónimo Roch, con el número 0871

Círculo , seudónimo Celeste, con el número 0088

Nietzsche era un mariachi en chapinero , seudónimo Raúl, con el número 0154

Los miembros del jurado consideramos que la convocatoria rebasó las expectativas, no sólo por la cantidad de participantes, sino por el elevado rango estético de premiados y mencionados.


POEMAS GANADORES

PREMIOS

# 0540
HIPÓTESIS TARDÍAS

Si mi casa estuviera hecha con palabras no me calcinaría el silencio,
la humedad y las grietas no serían más que metáforas del frío
que se alimenta con mis huesos.

Si mi morada fuera un poema tendría una fuente en la mitad del patio
y las monedas oxidadas por la memoria de tantos deseos perdidos
no hablarían en los bolsillos del hambre.

Si la argamasa de los muros estuviera hecha de aliento incontenible,
si las vocales llenaran las horas con ese humo que no asfixia,
sería difícil desprenderse del fuego,
alejarse cuando el crepitar se hace canto y la luz sube por la garganta:
no mediarían en la atmósfera los vocablos de la muerte,
no podría, como ahora, olvidar la manera de respirar.

Sandra Uribe.
Seudónimo Martín Vicuña

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# 008
MORADA DE NIEBLA

Paciente espera detrás de la puerta

viendo el paisaje de un largo corredor,

o atisba parapetada en el silencio

de unas habitaciones que rezuman

cantos y rondas infantiles de otras épocas,

o se acerca insegura como la hoja

que callada cae desde el almendro,

o surge de una caótica algarabía

de pequeños duendes que en la sala retozan,

o la acompaña un mar en calma que alberga

como en la tina que no había,

barcos de papel que al mojarse naufragan.

Su fuerza viene de aquí o de allá,

del gastado carbón que brasea en el anafe,

del aire o de los cielos que hacen

de la ventana una pintura inquieta.

Se hace añicos parece que partiera

como cuando se ausentan los hermanos

y ya los padres abandonan la partida.

O como un Big Bang del alma estalla,

se aturde ante el azar de las palabras,

los cimientos se quiebran

bajo el andamiaje de los versos.

Así la casa, así la poesía,

nos observan de lejos como

a extraños huéspedes “tocados”

que tiemblan en la espera

a que la poesía, como la casa,

reticente y posible,

espabile los ojos de un niño extraviado.

Rafael Escobar de Andreis
Seudónimo: Luto

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# 0595

REFUGIO

I

Por mis fantasmas acechado, llego hasta el libro, acechado por mis fantasmas.

Abro nervioso una página, buscando una palabra, una clave, un talismán,

una migaja dejada caer por un poeta en el bosque de la noche,

al fondo de la noche, para iluminar la noche,

para indicar senderos que sólo indican senderos

hacia allá, donde perdiéndonos, nos encontramos:

La lectura.

(Una fragata para tierras lejanas, una cabaña con leña seca, la máscara que talla, lentamente, nuestro rostro)

Los acentos me descubren y me ocultan,

Son capaces de rasgar mi carne y rozar el borde de mis labios.

Quedo impregnado de sintaxis,

Menos solo, al fin,

Como quien construye una caricia.

Como quien siente que las lágrimas han hecho su labor redentora,

como quien cree, quiere creer que cree, que ha encontrado el adjetivo perfecto.

II

Las palabras no son mías, pero ahora -por un instante- también

me pertenecen.

El ritmo me hala la camisa

Y me lleva, bordando las esquinas con hilo de recuerdos.

No sé si salté por la ventana, o escalé por las líneas de una frase aventurera.

Ya no estoy solo,

es cierto.

Los gatos son versos con cola y bigotes, susurrando sinuosos al oído de la noche:

Una casa de palabras es un manantial que fluye desde el corazón.

III

Tenemos una serie de surcos en nuestra piel de vinilo, para que pase la aguja de las canciones que nos hacen llorar.

Pero además, tenemos una serie de puertas y ventanas,

Un recoveco de afectos impresos por ambas caras,

Un salón donde entra la luz de las tinieblas y el abismo,

Unos brazos abiertos para guardar en su memoria los poemas que nos definen,

Siempre cambiantes,

Siempre de paso,

Siempre mariposas,

Siempre murciélagos.

IV

Una sílaba me cobija en un frío rincón

El papel me acoge entre sus pliegues

Ruedo por una de las vocales de tu nombre.

Capturas el instante con un juego de espejos:

Al otro lado del tiempo, mis ojos se cierran y mi espíritu se eleva ante el aroma

De tu piel.

Te leo,

Me habitas,

Te habito.

Enrique Trujillo
Seudónimo Leonard T. Blue

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# 0028
DONDE ESTÁ LA VIDA

En esta casa

donde cambian de sitio las memorias

cada palabra es aleteo del insomnio

un canto una meditación un quejido

que vienen del silencio.

El color de la luz es cada hora diferente

y si el viento se asoma a las ventanas

es otra la sombra de todos los mortales

otro es el gato que sube a los tejados

o el perro que ladra ante la puerta.

Alguien golpea

como buscando lugar a su tristeza

un sitio a la alegría

una página en blanco

la pantalla de algún ordenador

luz que se enciende con el tacto

música grave

que de lo profundo llega

Se abre la puerta

y uno por uno entran los vocablos

se instalan en una habitación

como poniendo en su lugar los muebles

y se encuentran las luces y las sombras

como puertos celestes.

Entran

sonidos que ascienden o descienden

por el pentragrama

se posan en la página

letras que salen del lápiz o el teclado

y caminan mirándose a los ojos

acomodan sus voces y sus tonos

auscultan los rincones

se ubican en el patio o en la sala

y saben que ahí está su casa

donde cada palabra y cada gesto

a todos nos reúne

como en última cena.

Con todos los vocablos

- dóciles ecos de la luz -1

oímos el canto de los pájaros

que rasgan el aire como un chelo

o gritan como un violín que rompe el arco.

Se oyen de una pared a otra

caminan del corredor a la cocina

habitan esta casa

donde la vida pasa breve

tomada de la mano con la muerte.

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1 Armando Rojas Guardia

Luz Mary Giraldo
Seudónimo El inquilino

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# 0208

EL FALSO LLANTO DEL GRANIZO

I

Me enamoré alguna vez de una mujer con los pechos recién ungidos

Era el tiempo de la guerra

Ella recogía esparto

en estaciones violentas

y yo veía crecer dos o tres caídos sobre la hondura del agua

La noche en que durmió el búho cetrero

un estruendo levantó las tapias

y la trepadora

que ascendía hasta los tejados

dejó su rastro a los pies de las bisagras

Nuestra casa

una pluma en la memoria

¿Con qué adobe está hecha su voz

que aún se oye

por el derruido cielo raso?

II

Es la lágrima del ángel que se hunde entre las losas

o son los muslos de la muerte trenzando su sudario

Hay un latido sordo

un galope súbito en los azulejos del alma

¿Bajo qué baldosa ofendida

encontrar su eco de ceniza y espanto?

III

Me enamoré alguna vez de una mujer con los pechos recién ungidos en tiempos de guerra

Su piel de araucaria se vino abajo

con los muros que construimos

Mientras veía desatarse

el indómito fuego

y el falso llanto

del granizo

Helman Giovanni Pardo L.
Seudónimo Ray Stromo

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MENCIONES

# 0296

AL FINAL DE LA JORNADA

Casi al final de la jornada mi padre venía

y se sentaba a la mesa,

y luego nos sentábamos nosotros, uno a uno,

en el verde-olivo de sus ojos.

Y la risa de mi madre desde la cocina

era como una canción humeante.

Una canción que llenaba

los estrechos corredores de las habitaciones;

que trepaba por las paredes blancas de la casa

hasta hacerse con la noche murmullo,

susurro triste entre los árboles

que vigilaban el patio.

Recuerdo por ese breve momento

aquellas migas de luz,

aquella paz aligerando el peso

de la pobreza sobre nuestros hombros.

Y entonces seguíamos, tan juntos seguíamos,

hasta el final de la jornada.

Justo Javier Gafaro Montejo
Seudónimo Alejandro Montejo

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# 0116

CUANDO EL POEMA

El mar que llevo dentro me separa del mar.

Y si la oscura mirla se posa en la alambrada

otra es la cerca y otro es aquel pájaro

hechos enteramente de nostalgia.

La noche no es la noche,

es miedo, es embriaguez o pesadilla.

El amor no es presencia,

él es tan solo aroma de inestable mañana.

Pero cuando te nombro, oh mar, en poesía,

cuando como a horcajadas de cabello salvaje

llega hasta mí la noche en la palabra noche,

cuando el amor, el pájaro, la soledad y el árbol,

cuando el poema,

allí el mundo me habita

y yo habito el mundo

como a mi propia casa.

Luis Alfonso Otálora Bonilla
Seudónimo Lao

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Y LA CASA OLVIDÓ LA NOCHE….

A Lino Hernández

Y la casa olvidó la noche.

La madrugada llegaba con el aire gris, que limpiaba la sangre de los espejos.

Mientras que en cada árbol, un pájaro despertaba.

La casa del pueblo.

Papá, mamá, hijos, nietos… en un solo olor de madera.

Atrás un corral, las vacas, y de nuevo la tierra.

La casa.

El viento que danzaba bajo el sol, jugando con los niños.

El centro del principio.

El lugar de todos los lugares.

Más allá de los caminos, el frío y la lluvia.

No había gobierno para los caballos de la noche…

La abuela en la cocina.

Nosotros escuchando el estrepito de los platos…

La dulce fuerza de sus manos.

Luego sentados en la larga mesa, junto a los caballos.

Y un viento nos sacudía, diciéndonos…

Que la eternidad… ya había comenzado.

Margareth Ríos Hernández
Seudónimo Roch

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# 0088

CÍRCULO

en cada espacio de la casa un pedazo de mí

algo

en el umbral del día

corre abismado

mientras me oculto de la noche bajo el techo blanco

María José Losada Vargas
Seudónimo Celeste

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#0154

NIETZSCHE ERA UN MARIACHI EN CHAPINERO, ACUÉRDESE

a mi padre por supuesto

la poesía perdió prestigio cuando abandonó la casa de mi padre

la casa de mi padre perdió a la poesía pero de hecho

ganó en independencia

fue entonces que se sublimizaron las metáforas

atraídas por el olor que alimenta un ajo crudo

y el poema pasó a ser su verdadero espacio

(no la noche en esta sala de recibo)

mi padre era un curador de insanos confundidos

que lavaba su cabello con sábila licuada para que

así renaciera un poco más en luna llena

las materas de helechos eran paso de corte en el pasillo

dando vuelta en la esquina cuando entraba el verano

el sol hurtaba con malévolo placer las flores deshojadas

de un patio despejado

después llegaban lluvias en los octubres turbios

en ráfagas de vientos que caían sobre las tejas blandas

donde lenguas de gatos limpiaban excrementos de murciélago

el agua resbalaba sin pausa en las cornisas

se entraba en la casa ahora iluminada

por patéticos rayos invisibles

la poesía perdió prestigió cuando abandonó la habitación

donde dormía mi padre

incólume en su oficio de fabricar palabras sublevadas

o al menos testimonios

o mínimo arengas maltratadas

la poesía abandonó el segundo piso de la casa de mi padre

donde detrás de cada puerta

se oficiaba un poema a mano alzada

la casa perdió la poesía pero ganó en poemas menos raros

pues mi padre escribía sobre teclados tristes

entre fotos del siglo diecinueve

que contemplaban impávidas los dedos de su cara

por eso se secaron las cisternas de los baños quizás

por estar un poco más que abandonadas

o el piso resbalaba en los dedos de los pies sin los zapatos

la poesía abandonó el estudio de la casa de mi padre

donde él había vivido mutilado por textos trasnochados

mientras expulsaba en sus humos asfixiados

los habanos de cuba

la casa perdió la poesía pero ganó el poema que es en verdad

su verdadero espacio

la poesía abandonó el cuarto de los huéspedes con sus malos placeres desolados

donde nadie dormía por temor a morir al día siguiente después del chocolate

la poesía dejó algunos nombres de ilustres personajes grabados

en ese anónimo cielorraso envejecido

que se cubría en el patio asediado por los perros

la poesía abandonó la habitación de mis hermanos donde el odio

era espuma sangrienta por la boca

ellos no se dieron cuenta pues andaban cazando los ratones

que huían del veneno amanzanado

ingrávido en los estantes de la biblioteca

la casa perdió la poesía pero ganó en volúmenes de ensayos metafísicos

con un Nietzsche sonámbulo debajo de su sombra en medio de los libros

abiertos en la herida

(Nietzsche jamás durmió en aquella casa)

la poesía abandonó la sala de recibo de la casa de mi padre

donde había una escopeta con dos tiros

vertida en las entrañas de un florero para que nadie escuchara tan de cerca

la música asesina de los pianos de cola

la casa perdió la poesía pero recuperó sin duda los sueños no dormidos

y el tedio jorobado de mi padre hastiado de escribir porque el epíteto

lo había convertido en un hombre cotidiano

...

SOMOS LO QUE VEMOS